Ya estoy en Kathmandu, con el sueño arruinado por la diferencia horaria que no alcanza a acomodarse. Está todo muy calmo, y el turismo a gran escala todavía no aparece.
En días como este, cuando estoy tranquilo y todo va encaminado, es cuando puedo reflexionar sobre cosas tan mundanas como el entorno, sin tener que concentrarme en objetivos. Así es como los colores son más cálidos y cosas que para otros son simples tonteras, en mí obran como el alimento de mi infantil deseo de aprender y vivir.
He visitado cientos de lugares y, como sabrán los que viajan mucho, cada vez cuesta mas deslumbrarse. Y Kathmandu no escapa a la regla luego de visitarla más de diez veces.
Pero tomando un café con un amigo me habló de este lugar, justo al lado de donde estábamos sentados, que parecía ser un paraíso. Me dijo “allá, detrás del muro ese”, apuntando con el dedo a un paredón de aquellos, por donde había pasado mil veces.
Mi asombro fue enorme al entrar, escapando de la locura del tráfico, motos, coches, rickshaws, vacas, perros y ruidos a montones de Thamel, y encontrar un lugar donde la paz sobrevive a la vorágine. Y donde arquitectos dejaron una marca en la historia a través de sus obras.
Este pequeño palacio, con una puerta pequeñita, y el verde del césped cortado a la perfección, con árboles súper cuidados, fuente central, una construcción dedicada al dios griego Apolo y dos resturantes, me hizo recordar sobre un pasado que no viví, pero que siento presente en cada monumento. Es un pasado cercano que aunque deteriorado, atestigua momentos de gloria, y que con sólo levantar la mirada se muestra triste pero vigente.
A este palacio lo reconstruyó un millonario suizo, o algo por el estilo, ya que al gobierno le importa un bledo.
Suspiro un poco ya que veo en esta obra un fenómeno común. “Estoy soñando despierto con mi querida Argentina y sus increíbles monumentos y construcciones, repleto de lugares para asombrarse, y siempre con algo por descubrir, que siente el deterioro del tiempo sin que nadie haga nada por recuperarlo. Y muchas veces cuando un extranjero valora más el patrimonio que nosotros, se lo critica…”
Igual que aquí.